Cuando caes sos arte.
La mágica mano de alguien.
De tu espectáculo una parte,
para quien te ve y te desnuda también.
Musa del joven Federico,
cuando en tu quietud las tinieblas observaba
como un mensaje profético
y la virilidad basaba en tu correntada.
El espejo perfecto del cielo,
cuando estás callada.
De un cálido a un devastador velo
cuando las nubes son la largada.
El dolor que rueda en la mejilla
de una joven tan desesperada,
que observa desde su pequeña buhardilla
si el otoño le devuelve su mirada.
La temblorosa compañía de las hojas,
cuando el incipiente calor del alba,
como con un cuentagotas,
te desangra sobre la verde espalda.
El futuro de esta joven nación,
el día en que la conciencia reclama
que la ambición por los metales, de una corporación,
