miércoles, 12 de octubre de 2011

Y hoy solo te vuelvo a ver


A las 23.10 del Martes 11 de Octubre, Fito Páez cerraba un nuevo concierto en el teatro Gran Rex como ya tiene acostumbrados a sus fans con ‘‘Mariposa Tecknicolor’’. No es una autodenominación la frase ‘‘llevo la voz cantante’’, sino un título otorgado por los miles de admiradores que tiene el músico rosarino. 

Los 20 minutos siguientes al término del recital el público presente en Corrientes 857 no se quedó aplaudiendo y cantando ‘‘Y dale alegría a mi corazón’’ por no haber saciado sus expectativas...

Más de dos horas de concierto que iniciaron con la subida del telón dibujando a un Fito Páez al piano acompañado por instrumentos de cuerda y un hombre de traje lila (de espaldas). Este hizo estremecer a todos los espectadores que miraban emocionados desde sus butacas, cuando al darse vuelta comprobaron que el personaje de cabellos rizados y bigote bicolor era Charly García, quien interpretó junto al anfitrión el primer tema de la noche ‘‘Desarma y sangra’’ y luego de presentar a Páez abandonó el escenario.

La noche arrancaba con un público enardecido por el inmejorable y memorable comienzo, y continuaba con un popurrí del rosarino acompañado por su voz y su piano que incluía ‘‘Dale alegría a mi corazón’’, ‘‘She's mine’’, 
‘‘Tus regalos deberían...’’,‘‘El amor después del amor’’ y ‘‘Tema de Piluso’’. 

Los invitados siguieron y la velada se fue mistificando a medida que pasaban Fabi Cantilo, Lisandro Aristimuño, Leo Sujatovich, el Chaqueño Palavecino y los muchachos de Onda Vaga. Entre medio de todos ellos Fito le confiesa al público ‘‘A mí me gusta la gente viva, no me gustan los muertos, me gusta la gente que esta acá...’’ y les pide ‘‘...como Charly está acá, vamos a cantarle a él algunas canciones y si quiere venir que venga’’. Y así fue como el autor de discos como Clics Modernos reapareció sobre el escenario y juntos interpretaron temas tanto de Sui Generis, como de su carrera solista y cerraron con ‘‘Los dinosaurios’’.

‘‘Ciudad de pobres corazónes’’ despedía por primera vez a Fito (claro está que faltarían los bises), que al grito de ‘‘en esta puta ciudad...’’ abandonaba el escenario dejando a todos con una sensación de dolor por la vigencia absoluta de esa canción.

Su regreso después del delicado momento fue con un ruego de silencio absoluto, ‘‘para poder cantar a capela para las más de 3.000 personas´´. Llevando hasta la última persona ubicada en la última fila del teatro su voz y devolviéndole las esperanzas, al grito de ‘‘Quien dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón’’.

Terminando con el optimismo de ‘‘Dar es dar’’ y dejando para lo último la antes mencionada ‘‘Mariposa Tecknicolor’’. Así Paez se retiraba del escenario saludando como si la velada concluyera ahí.

Definitivamente el motivo de la extendida ovación y la posterior entonación de ‘‘Y Dale alegría a mi corazón’’ repetida infinidad de veces al unísono por todo el teatro, una vez que se habían encendido todas las luces y cerrado el telón, no se debieron a un incumplimiento de las expectativas, sino a la necesidad de agradecer (con una de las maneras más bellas) la autenticidad y la entrega total del maestro Fito Páez, que luego de esos inolvidables 20 minutos de verdadera demostración de cariño, retornó para cerrar con ‘‘A rodar mi vida’’.

Una vez más el rosarino demostró porque es el encargado de llevar la voz cantante.

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