domingo, 5 de agosto de 2012

Alma en canciones

El músico patagónico llevo su magia al interior del Gran Rex para compartir entre canción y canción una forma de ver el mundo, una forma de ver a la sociedad y una forma de disfrutar y reflexionar la vida.

(foto: Flor Carroza)
La Capital Federal había amanecido con una incesante lluvia que como ya tiene acostumbrados a sus habitantes transformaba a la ciudad en una especie de gran estanque en la que se intenta convivir entre los ruidos de los millones de automóviles que aceleran su paso para estar primeros en el congestionamiento matutino mientras despliegan sus estruendosas bocinas e insultos a los peatones, que corren sin mirar, a refugiarse del agua que pareciera quemar sus trajes y vestidos dejándolos desnudos ante la mirada del tan poco cálido ambiente de oficina.

Es en este mismo hábitat en donde el músico patagónico despliega su universo audiovisual para interpelar a los actores (secundarios en esta escena, pero protagonistas fuera de la enorme sala del Teatro Gran Rex) y lo hace cuestionando las formas de relacionarse con sus pares, su desmesurada ambición por el consumo o su irracional codicia, en el primer tema de la noche  ‘‘Elefantes’’.  Pero su exposición no queda en un simple reproche sino que va más allá, ruega al sujeto ``Apreta los dientes, cambia tu destino hoy…´´

La segunda canción interpretada por Lisandro y la excelentísima ``orquesta´´ que lo acompaña es  ‘‘Cien Pájaros’’, que suena como un homenaje a la naturaleza, a los sonidos únicos que parten del vientre mismo de ella. En esta intenta aplacar y excusarse por tanta destrucción que provoca el hombre sobre ella.

Quizás resulte exagerado al lector la utilización del término  ‘‘orquesta’’ para describir a los 7 músicos (más el sonidista), que acompañan a Aristimuño arriba del escenario, pero esa sensación va a pertenecer únicamente a quienes no hayan podido apreciar la calidad sonora que representa un conjunto integrado con Carli Aristide en guitarra eléctrica, charango, samplers y coros; Leila Cherro en cello y coros; Martín Casado en batería, xilofón, samplers y coros; Rocío Aristimuño en percusión y coros; Lucas Argomedo en bajos y cello; María Laura Bertero en violín y Pablo Jivotovschii en violín, todos ellos dirigidos por las guitarras, samplers  y el enorme registro de notas que componen la voz de Lisandro. Esta conjunción da como resultado melodías exquisitas interpretadas con la más delicada fineza cuando la ocasión lo requiere o la mayor audacia y potencia de ser necesaria.

Claro que de esa forma cualquier interpelación y reclamo se aliviana hasta convertirse en un aliciente para una posterior reflexión. Más cuando entre estos se retoman canciones que trasladan a los presentes a los más hermosos paisajes, permitiéndoles viajar aunque sea unos instantes con el viento sur de  ‘‘Tu nombre y el mío’’ o la bella  ‘‘Azúcar del estero’’, para apalear la tan hostil convivencia cotidiana de una ciudad como Buenos Aires.

El encuentro continuó con invitados de la talla de Lito Vitale para hacer la que quizá sea la canción más oscura del último disco,  ‘‘Pozo ’’ o de Fabiana Cantilo, la histórica voz del rock, que acompaño en la versión de  ‘‘Igual que ayer’’. Una versión más pausada de  ‘‘Traje de dios ’’, la hermosa  ‘‘Última prosa’’  ‘‘Aurora Boreal’’ precedieron a la gran versión del tema  ‘‘Cerrar los ojos’’ que el músico rionegrino interpretó junto a Dread Mar I y a todo el teatro que coreaba al ritmo de ``Cielo de mis noches, que viva la revolución!´´

Mientras saludaba a sus ``hermanos patagónicos´´, comenzaron a sonar los primeros acordes de  ‘‘Puente’’ que electrizó a todos los espectadores que observaban esta vez desde sus butacas la potencia que fluía desde el escenario. Siguió con el segundo tema de Mundo Anfibio y quizás el mejor,  ‘‘Un dólar, un reloj y una frase sin sentido’’ que expone a la sociedad en su desinformación y en su extrema individualización, música y poesía de alto vuelo.

Los ánimos se distendieron momentáneamente con ‘‘Anochecer’’ y su carnavalesco clima, para volverse reflexivos en el hermoso homenaje a las Abuelas de Plaza de Mayo que Lisandro hizo junto a Gabo Ferro en el tema  ‘‘Green Lover’’, acompañado por el recuerdo a Luis Alberto Spinetta que evocaron los aplausos que venían desde las butacas.

‘‘Anfibio’’, el primer tema difundido del último disco del artista rionegrino, continuó la lista que siguió con una versión de  ‘‘El plástico de tu perfume’’ realizada a dúo con Luciana Jury. Una versión que provocó el unánime aplauso de toda la sala, parados para ovacionar la impresionante y desconocida, hasta ese momento, voz de Luciana (hija de Jorge Zuhair Jury y sobrina de Leonardo Favio) que obnubiló a todos.

Luego del primer parate de la noche sale al escenario solo con la guitarra para dedicarle  ‘‘Vos’’ a su mujer, en un silencio absoluto de todo el teatro.  

La próxima invitación sería la presencia de Hilda Lizarazu para hacer  ‘‘Me hice cargo de tu luz’’ y  ‘‘A donde vayan tus pies’’, esta última también del reciente disco y con un nuevo pedido, el de una mayor conciencia frente a la vida: ``Déjale algo bueno a tus huesos…´´

VIDEO ``ME HICE CARGO DE TU LUZ - con Hilda Lizarazu´´

La noche iba llegando a su fin con una versión más acústica de  ‘‘Aunque no estés aquí’’ y la participación de Nekro, de Boom Boom Kid, para hacer  ‘‘How Long’’ una hermosa canción que funciona como respuesta a la apología consumista basada en el capital. Este tema e interpretado junto con dicho músico (exponente de la producción musical autogestionada), suena como una sutil pero energética canción de protesta. ¡No todo lo pueden comprar! Y así se retiran del escenario nuevamente todos los músicos y van dándole forma al final de la jornada.


Claro que faltaban los bises con tres emblemáticas obras  ‘‘Canción de amor’’ ‘‘Blue’’ y ‘‘Es todo lo que tengo y es todo lo que hay’’ que finalizaban una noche en la que Buenos Aires respiró por casi 3 horas de todas sus asperezas y hostilidades de metrópolis, pero a la vez dándose la oportunidad de reflexionar sobre el entorno, las relaciones sociales y los daños que este modelo de vida regido por el capital y no por las personas causa a la totalidad.

Por casi 3 horas Lisandro Aristimuño logró que el mundo fuera testigo de su alrededor  y que la prensa recuerde contarlo, quizás en su titular.

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