jueves, 21 de noviembre de 2013

A León



A León lo vi por primera vez hace poco más de 10 años, con más o menos esos mismos años de vida. Su música y sus letras ya no solo eran los sonidos cotidianos y alegres que inundaban mi casa. Todo se resignificaba. Bajo el Sol de Bogotá ya no era sólo esa bella melodía bailable, era también el compartir, el despojarse de las cosas para que el otro también tenga. ``Deja que el gamín te tumbe un poco de lo que traes, esa es la única forma que tiene para ganar.´´

Éste artista me abrió un mundo, o mejor dicho me abrió la esperanza de otro mundo. Un mundo posible más amigable, menos hostil, más comprensivo, más sociable.
Pero para llegar a ese mundo, siempre detrás, la lucha. El compromiso. La coherencia.

Con Gieco conocí el valor de los pañuelos blancos, el saber que había más gente que buscaba incasablemente ese sueño y que detrás tenía una lucha propia inclaudicable y por eso esa lucha se había hecho de todos también. Conocí el valor de la memoría, de la verdad, de la justicia y de la igualdad.

León me marco ideológicamente a los 10 años. En plena crisis del 2001 me explicaba el significado de la hermandad latinoamericana y cuando los medios culpaban a los hermanos de la patria grande por la falta de empleo, él nos gritaba desde la música que los verdaderos culpables eran los intereses transnacionales. Y que si nos pedían que volviéramos otra vez donde nacimos (a los que iban en busca de una vida que Argentina no les brindaba o mejor dicho las políticas neoliberales no les brindaban), nosotros les íbamos a pedir que sus empresas se vayan de nuestro país. De igual a igual.

Años después la historia nuestra, argentina y latinoamericana, dió un giro trascendental. Y en 2004 León ya había comprendido ese cambio que se había iniciado meses antes con la llegada de un hombre sureño, que tenía apenas un 23% de respaldo popular.

No me voy a olvidar nunca el recital en el Ópera, cuando como preludio de una emblemática canción, él diciendo ``tengo la alegría de estar transitando junto a todos ustedes en un país más justo, en un país que soñamos, en un país con libertad donde los asesinos no caminen y llenen de sangre las calles que pisan nuestros hijos´´, para luego cantar En el país de la libertad, expresaba su apoyo al nuevo gobierno. Me volví enojado, no entendía ¿por que se ponía al lado de un ``político´´? Si ya sabíamos que eran todos lo mismo. Los años, la vida y la comprensión histórica me enseñaron que yo tenía que estar al lado de ese mismo hombre y de esa mujer.

El sábado después de todo el tiempo que pasó, lo ví ahí, arriba del escenario, después de 4 horas de show, con más energía que cualquiera de los que estábamos sentados disfrutando de su música (de sus palabras, de su presencia) y me di cuenta que de León hablaba Bertold Brecht.

León es un imprescindible, porque hay hombres que luchan un día y son buenos, hay quienes luchan muchos días y son muy buenos, pero hay quienes luchan toda la vida. León Gieco es uno de ellos y por eso es imprescindible.

Gracias por ser brújula en las tormentas. Por alegrarme y hacerme reflexionar en el mismo instante. Por transformarme con tu lucha en un militante político que se decide a no rendirse nunca en la búsqueda de ese mundo posible que soñamos.

Feliz cumpleaños y mucha vida, que vos sabes como transformarla en buena.

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