sábado, 19 de noviembre de 2011

La sinfonía del caballero iluminado por la luna



En una puntualidad récord, el músico británico aparecía sobre el escenario de GEBA para presentar el set de sus dos coristas (Rosie Doonan y Jesica Hoop) que precedían el gran espectáculo sonoro y visual que tiene acostumbrado Peter Gabriel.

Luego del pequeño e impecable set de las cantantes con sus guitarras, acompañandose mutuamente con sus delicadas y frágiles voces, se ubicaban en sus lugares los 46 músicos de la New Blood Orchesta, integrada por músicos europeos y argentinos, liderada por Ben Foster y comenzaban con las primeras notas de 
‘‘Heroes’’, tema icono del rock compuesto por David Bowie. Este sería el primero de la lista, en la que Gabriel deslumbrara a las miles de personas que colmaron el predio, con su impecable voz.

Luego de la primera canción, el creador de Solsbury Hill, (acompañado por unas hojas que hacían las veces de ayuda memoria) saludaba a todos los espectadores con un español muy dificultoso y les comenta a modo de comprensión que él tiene su estudio de grabación en Inglaterra en un lugar donde pasan trenes todo el tiempo, por lo que se siente como en su casa. Este detalle del músico hace referencia a que el predio de GEBA esta rodeado por dos lineas del Ferrocarril Mitre y por el Ferrocarril Gral. San Martin, que durante el transcurso de la noche desfilaron en innumerables oportunidades por ambos costados del escenario.

De estaba forma Peter Gabriel da comienzo a un espectáculo impecable que desde lo visual incluía no solo la figura de uno de los más grandes animadores de la historia de rock (que en cuanto a materia artística que acompañe lo sonoro fue el primero en armar escenografías y disfraces en su inolvidable etapa en Genesis) sino también cuatro inmensas pantallas de led que mostraban imágenes especiales para cada composición cuando no mostraban ediciones de lo que iba ocurriendo en el escenario. A esto se le sumaba la excelencia musical que ofrecían la intacta y hasta casi renovada voz de Gabriel, junto a las cuerdas, los vientos, el piano, la percusión y los coros, de la orquesta liderada por la enorme figura de Ben Foster quien se erigía en lo más alto del escenario y guiaba con la danza de sus manos a las estrellas de la noche, que eran esos memorables músicos, y acompañaba con su enorme presencia, la figura del Caballero iluminado por la Luna.

Asi pasaron grandes interpretaciones como la de 
‘‘Wallflower’’‘‘San Jacinto’’‘‘Downside up’’‘‘Secret World’’‘‘Digging in the Dirt’’‘‘Mercy Street’’, la cinematográfica ‘‘Intruder’’, llegando a picos inolvidables como ‘‘The Rhythm Of The Heat’’ o ‘‘Red Rain’’ (con imágenes de la lluvia roja y rios con enormes esqueletos de peces nadando).

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando Peter homenajeo a su padre, que ``en abril cumplirá 100 años´´, con el tema ‘‘Father, son’’ y con imágenes de ambos caminando por las extensas campiñas inglesas, cantaba ``Afuera en la llanura nos tomamos una pausa, -mira que lejos hemos llegado´´. Recordando lo que también el 22 de marzo de 2009 fue uno de los momentos más emotivos de la noche, aquella vez sin la orquesta, pero con su piano y Tony Levin.

El final aguardaba de los grandes exitos, como ‘‘Solsbury Hill’’, canción que compuso luego de su salida de Genesis y que significó el primer hit de su carrera solista. El recuerdo a Stephen Biko, el militante sudafricano asesinado por su lucha contra el apartheid, vino con la homónima ‘‘Biko’’ que termina con el coro por parte del público y con el brazo en alto y la primera despedida de la noche con la frase ``lo que sigue depende de ustedes´´. 

‘‘In your eyes’’ devolvió al británico al escenario que cerró la inolvidable velada con el canto a la esperanza de ‘‘Don't give up’’, tema que en la versión original interpretó con Kate Brush y que esta vez fue acompañado por la delicada voz de su corista.

Así terminó una noche para el recuerdo de todos los presentes que vivieron un espectáculo único por su estilo, la delicadeza de su sonido y la inigualable presencia del caballero que ayer estuvo iluminado por la Luna, esta vez la porteña, que en un extenso aplauso lo despidió hasta la próxima.

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