Hoy no me queda más que creer en la eternidad de las almas, creer que tu luz seguirá creando y componiendo más allá de la desaparición de tu cuerpo. Y es que pensar que esa magia inigualable que usas para embellecernos la vida, para decorarla como decías, no va a abrazarnos una vez más y elevarnos como en cada nueva canción, en cada palabra que salía de tu boca, en cada melodía que dibujaba tu guitarra, me hace sentir vació, me da miedo.
Y es por eso que decido creer que tu alma está cantando en algún rincón del universo y que volveré a encontrarte alguna vez para que me emociones y me llenes como lo hiciste tantas veces.
En ese momento, cuando te encuentre, voy a aprovechar para decirte lo que no pude. Para agradecerte por cada una de esas noches en que mi viejo y yo nos preparábamos y salíamos de casa con la sonrisa más grande que nunca, para ir a verte y darnos cuenta que viéndote éramos uno, nada nos desunía en ninguna de esas noches en La trastienda, en el Coliseo, en Velez, en los pequeños teatros y cuando uno no podía ir e iba el otro disfrutábamos por los dos de toda tu entrega y no veíamos la hora de vernos para contarnos hasta el mínimo detalle todo el concierto. También agradecerte por aquel día (que mis nervios por tenerte adelante no me permitieron), que con tu humildad y generosidad saludaste a papa por sus cincuenta años. Esos gestos propios de un único son los que voy guardar siempre.
No fuiste un músico más para mí, ni para mi familia. Todo el que me conoce sabe lo que representas en nosotros y por eso nunca se va a borrar tu huella.
Te amamos y te recordaremos siempre y cada vez que mire al cielo sabré que la canción llego hasta el Sol y que allí algún día nos reencontraremos.
Gracias.

El sol está contento porque, ahora, con la musica de Spinetta el espacio sideral es un lugar mas lindo...
ResponderEliminarBuen viaje Flaco.